CHOLULA HOY INVESTIGA · HISTORIA Y CONTEXTO

12 DE OCTUBRE | AMÉRICA NO ESPERABA SER “DESCUBIERTA”

Antes de la llegada europea, América ya tenía ciudades, matemáticas, astronomía, ingeniería, agricultura intensiva, mercados y complejas formas de organización. Reconocer que hoy somos resultado del mestizaje no exige borrar la grandeza ni la historia de los pueblos que habitaban este continente.

CHOLULA HOY · Publicado el lunes 12 de octubre de 2026 · Edición #059
Fotografía real de la Gran Pirámide de Cholula, Puebla, tomada en octubre de 2013
Gran Pirámide de Cholula / Tlachihualtépetl, fotografía del 12 de octubre de 2013. Diego Delso / Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0. Imagen documental de archivo, no recreación con IA.

Durante generaciones, el 12 de octubre de 1492 fue enseñado simplemente como “el descubrimiento de América”.

La imagen parecía sencilla: Cristóbal Colón llegó desde Europa a un territorio desconocido y a partir de entonces comenzó aquí la civilización.

La historia es mucho más compleja.

Cuando las embarcaciones europeas llegaron al Caribe, América llevaba miles de años habitada. A lo largo del continente existían sociedades muy diversas: desde pequeñas comunidades hasta grandes Estados que habían construido ciudades, desarrollado sistemas políticos, establecido extensas redes comerciales y producido conocimientos propios en matemáticas, astronomía, agricultura, medicina e ingeniería.

Por eso, revisar el 12 de octubre no significa negar el encuentro que transformó al mundo.

Significa abandonar la idea de que la civilización llegó a América en barcos europeos.

La civilización ya estaba aquí.

América tenía historia antes de 1492

El continente americano no era un territorio vacío.

Sus habitantes habían desarrollado durante milenios culturas profundamente diferentes entre sí.

En Mesoamérica florecieron pueblos y civilizaciones como:

olmecas, mayas, zapotecos, mixtecos, teotihuacanos, toltecas, purépechas, totonacos, mexicas, tlaxcaltecas y cholultecas, entre muchos otros.

Cada sociedad tuvo su propia organización, lengua, religión, economía y desarrollo tecnológico.

No existía una única “civilización indígena”.

Había múltiples pueblos, alianzas, rivalidades, imperios y ciudades.

Había comercio.

Había guerras.

Había conocimiento.

Había historia.

Matemáticas: el cero formaba parte del conocimiento mesoamericano

Uno de los ejemplos más notables se encuentra entre los mayas.

Desarrollaron un sistema numérico vigesimal y posicional en el que utilizaron una representación del cero.

Ese conocimiento permitió realizar complejos cálculos calendáricos y registrar fechas durante periodos extraordinariamente largos.

Los pueblos mesoamericanos observaron el paso del tiempo con enorme precisión y vincularon matemáticas, astronomía, agricultura, ritualidad y organización social.

Los mayas no fueron la única civilización mundial que desarrolló independientemente el concepto del cero.

Pero sí formaron parte del reducido grupo de culturas antiguas que alcanzaron ese desarrollo matemático mediante procesos propios.

Mirar el cielo también era hacer ciencia

Las sociedades mesoamericanas estudiaron durante generaciones los movimientos del Sol, la Luna y determinados planetas.

Venus tuvo una importancia especial.

Los calendarios mesoamericanos combinaban ciclos rituales de 260 días con calendarios solares cercanos a 365 días.

Estos conocimientos no surgieron de instrumentos ópticos modernos.

Fueron resultado de siglos de observación sistemática del cielo.

La astronomía estaba integrada con la agricultura, la arquitectura, los rituales religiosos y las decisiones políticas.

Numerosas ciudades y edificios fueron orientados considerando acontecimientos solares y características del paisaje.

Teotihuacán: una gran ciudad del mundo antiguo

Siglos antes de la llegada española, Teotihuacán había alcanzado dimensiones extraordinarias.

Durante su apogeo contó con alrededor de 100 mil habitantes o más, miles de conjuntos residenciales y una planificación urbana altamente desarrollada.

Sus constructores desviaron y canalizaron cursos de agua, organizaron barrios especializados y levantaron algunas de las construcciones monumentales más importantes de Mesoamérica.

Su influencia comercial y cultural llegó a regiones situadas a centenares de kilómetros.

No era una aldea primitiva.

Era una de las grandes ciudades del mundo de su época.

Tenochtitlan: ingeniería en medio de un lago

Cuando los españoles llegaron al Valle de México encontraron otra experiencia urbana extraordinaria.

México-Tenochtitlan se levantaba sobre un sistema lacustre.

La ciudad estaba conectada mediante:

El transporte de personas y mercancías podía realizarse por canales.

El agua potable se conducía mediante infraestructura construida desde manantiales.

La agricultura chinampera permitía producir grandes cantidades de alimentos utilizando de manera intensiva el ambiente lacustre.

Las chinampas no eran simplemente “jardines flotantes”.

Constituían un complejo sistema de ingeniería agrícola construido mediante tierra, sedimentos, vegetación, canales y un profundo conocimiento del agua y de los ciclos de cultivo.

Todavía sobreviven en zonas como Xochimilco.

Una sociedad preocupada por la higiene

También resulta necesario revisar otra imagen heredada de la narrativa colonial.

Los pueblos mesoamericanos desarrollaron distintas prácticas de limpieza e higiene.

En Tenochtitlan existían mecanismos para retirar desperdicios, sistemas de letrinas y formas de reutilizar determinados residuos.

El temazcal, utilizado con propósitos higiénicos, rituales y terapéuticos, estaba ampliamente extendido.

La higiene corporal formaba parte cotidiana de diferentes sociedades mesoamericanas.

Eso no significa que existiera saneamiento equivalente al moderno.

Significa algo mucho más sencillo:

es incorrecto describir a los habitantes de América como pueblos carentes de hábitos sanitarios hasta la llegada europea.

Mercados, comercio y especialización

Mesoamérica estaba atravesada por extensas redes comerciales.

Circulaban:

Los mercados constituían espacios fundamentales de la economía.

El mercado de Tlatelolco impresionó profundamente a los propios conquistadores españoles por sus dimensiones, variedad y organización.

Pero nuestra región tenía también uno de los grandes centros comerciales y ceremoniales de Mesoamérica.

Cholula es una prueba que tenemos frente a nosotros

Para quienes habitamos esta región, quizá no exista mejor ejemplo que Cholula.

La ciudad había sido habitada durante muchos siglos antes de la llegada española.

Fue centro religioso, comercial y político.

Personas provenientes de regiones muy diferentes acudían a Cholula para intercambiar mercancías, realizar ceremonias y establecer relaciones políticas.

Su gran basamento piramidal, Tlachihualtépetl, llegó a alcanzar aproximadamente 450 metros por lado y constituye el basamento piramidal de mayor superficie conocido en Mesoamérica.

La ciudad poseía templos, barrios, rutas comerciales y una larga tradición ceremonial.

Cuando los españoles llegaron a Cholula no encontraron un territorio vacío esperando ser organizado.

Encontraron una de las ciudades más antiguas y relevantes de Mesoamérica.

Aquí mismo, bajo nuestros pies, permanece parte de esa historia.

Dignificar tampoco significa idealizar

Reconocer la grandeza de las sociedades prehispánicas no exige convertirlas en mundos perfectos.

También existieron:

El dominio mexica generó resistencia entre distintos señoríos mesoamericanos.

Eso explica en parte por qué numerosos pueblos indígenas participaron posteriormente como aliados de los españoles contra Tenochtitlan.

La conquista de México tampoco puede explicarse únicamente como:

“españoles contra indígenas”.

Participaron decenas de miles de indígenas pertenecientes a diferentes pueblos, cada uno con sus propios intereses y rivalidades.

La historia real suele ser mucho más complicada que las versiones simplificadas.

Entonces, ¿qué ocurrió realmente en 1492?

Ocurrió uno de los acontecimientos más trascendentes de la historia humana.

Después de miles de años de desarrollo relativamente separado, América y Europa comenzaron a formar parte de un intercambio permanente.

Posteriormente también intervendrían poblaciones africanas trasladadas forzosamente mediante la esclavitud y conexiones comerciales con Asia.

El intercambio transformó al planeta.

Desde América salieron productos que modificarían profundamente la alimentación mundial:

maíz, papa, tomate, cacao, chile y numerosas variedades de alimentos.

Hacia América llegaron:

caballos, ganado, trigo y otros productos y tecnologías.

Pero junto con aquel intercambio llegaron también:

El encuentro produjo nuevas sociedades.

Pero también produjo enormes tragedias.

Las dos cosas pueden reconocerse simultáneamente.

Somos resultado de aquella mezcla

México contemporáneo tampoco puede comprenderse negando el mestizaje.

Nuestra sociedad actual no es exactamente el mundo mesoamericano de hace cinco siglos.

Pero tampoco es una prolongación de España.

Somos resultado de una historia en la que participaron:

Nuestra comida lo demuestra.

Nuestra lengua lo demuestra.

Nuestros nombres de lugares lo demuestran.

Nuestras celebraciones, arquitectura, música, creencias y formas de relacionarnos contienen numerosas capas históricas.

Somos resultado de encuentros y conflictos ocurridos durante siglos.

Pero mestizaje no significa desaparición

Aquí existe otra precisión fundamental.

Hablar del mestizaje como origen de México no puede utilizarse para reducir a los pueblos originarios a una etapa terminada de nuestra historia.

Los pueblos indígenas no desaparecieron.

Siguen aquí.

Conservan lenguas.

Territorios.

Tradiciones.

Sistemas comunitarios.

Conocimientos.

Formas de organización.

Y siguen enfrentando problemas de discriminación, pobreza, desplazamiento y pérdida territorial.

Por eso México se reconoce constitucionalmente como una nación pluricultural y multiétnica sustentada originalmente en sus pueblos indígenas.

No hablamos solamente de nuestros antepasados.

Hablamos también de ciudadanos mexicanos contemporáneos.

El 12 de octubre cambió de significado

En México, mediante un decreto publicado el 18 de diciembre de 2020, el Congreso declaró oficialmente el 12 de octubre como:

Día de la Nación Pluricultural.

La declaración tiene un significado profundo.

No pretende negar el encuentro entre Europa y América.

Pretende cambiar la manera de interpretarlo.

La historia ya no tiene por qué ser contada únicamente desde quienes llegaron.

También puede contarse desde quienes ya estaban aquí.

América no esperaba ser descubierta

Quizá ésta sea la mejor reflexión para este 12 de octubre.

Antes de que Colón cruzara el Atlántico:

América tenía ciudades.

Tenía astronomía.

Tenía matemáticas.

Tenía ingeniería.

Tenía agricultura.

Tenía mercados.

Tenía gobiernos.

Tenía arte.

Tenía religiones.

Tenía conflictos.

Tenía conocimiento.

Y tenía historia.

El 12 de octubre de 1492 no fue el día en que comenzó la civilización en América.

Fue el comienzo de una nueva etapa.

Una etapa de encuentro, conquista, violencia, intercambio, resistencia y mestizaje que terminó transformando al planeta.

Cinco siglos después, nosotros somos también resultado de aquella historia.

Reconocerlo no exige renunciar a ninguna parte de nuestra herencia.

Pero sí exige dejar atrás la idea de que un mundo civilizado llegó a iluminar a otro que no lo era.

Dignificar a los pueblos originarios no significa negar el mestizaje. Significa recordar que, para que dos mundos pudieran mezclarse, primero tenían que existir dos mundos.

CHOLULA HOY — Noticias con contexto.

Fuentes documentales y referencias

Fuentes de contexto histórico, arqueológico, científico y jurídico contrastadas para este especial:

La interpretación histórica corresponde a CHOLULA HOY; los datos arqueológicos y normativos se distinguen de las reflexiones editoriales.