← Volver a la edición #072

Amabilidad: pequeños gestos que hacen más humana la vida cotidiana

Una reflexión sobre reconocer, escuchar y agradecer sin confundir amabilidad con complacencia. Incluye la herramienta A.M.A.B.L.E. y tres gráficos originales.

Personas conversan en una reunión: fotografía ilustrativa de archivo para la reflexión sobre la amabilidad, no escena del video de Víctor Küppers.
Fotografía ilustrativa de archivo de Edgar Telpalo Consulting. No procede del video de Víctor Küppers ni representa un estudio de campo.
Gráfico original «TE VI». Edgar Telpalo Consulting. No se utilizaron imágenes del video de Víctor Küppers.
Gráfico original «TE VI». Edgar Telpalo Consulting. No se utilizaron imágenes del video de Víctor Küppers.

Entramos a un elevador.

Hay otra persona.

Presionamos el botón.

Miramos el teléfono.

Llegamos a nuestro piso.

Salimos.

No ocurrió nada grave.

Pero quizá tampoco ocurrió algo mucho más sencillo:

reconocer que había otra persona ahí.

Un saludo.

Una mirada.

Un “buenos días”.

Un gesto mínimo.

El video de Víctor Küppers que sirve como punto de partida para esta reflexión utiliza precisamente una situación cotidiana para hablar de amabilidad: observar qué ocurre cuando compartimos un ascensor con otras personas y descubrir cuántas interactúan y cuántas atraviesan el encuentro sin prácticamente reconocer al otro. El propio clip se presenta como un experimento realizado con su hijo alrededor del “nivel de amabilidad” de las personas.

La escena parece insignificante.

Precisamente por eso resulta interesante.

Porque gran parte de nuestra vida no ocurre durante acontecimientos extraordinarios.

Ocurre en encuentros pequeños.

Con quien abre una puerta.

Quien nos sirve un café.

La persona que conduce.

El compañero que llega por la mañana.

Quien atiende una caja.

Nuestra pareja.

Nuestros hijos.

Nuestros padres.

Personas que quizá estarán frente a nosotros durante apenas unos segundos.

Y entonces aparece una pregunta:

¿CÓMO HACEMOS SENTIR A LAS PERSONAS DURANTE ESOS PEQUEÑOS ENCUENTROS?

SER AMABLE ES ALGO MÁS QUE TENER BUENOS MODALES

Podemos entender la amabilidad simplemente como:

decir por favor;

dar las gracias;

saludar;

ceder el paso.

Todo eso importa.

Pero detrás de esos comportamientos existe algo más profundo:

RECONOCER AL OTRO COMO PERSONA.

Cuando saludamos estamos diciendo, aunque no utilicemos estas palabras:

“Te vi.”

“Sé que estás aquí.”

“Tu presencia merece un mínimo de consideración.”

Por eso la amabilidad no es solamente una cuestión de protocolo.

Tiene una dimensión profundamente humana.

Podemos pasar junto a decenas de personas durante un día.

La pregunta es cuántas dejamos de percibir porque estamos:

apurados;

preocupados;

mirando el teléfono;

pensando en nosotros;

o sencillamente acostumbrados a que estén ahí.

La primera condición para ser amable quizá sea una muy sencilla:

DARNOS CUENTA DE QUE HAY OTRA PERSONA DELANTE.

NO TENEMOS QUE CONOCER A ALGUIEN PARA TRATARLO BIEN

Hay relaciones que probablemente no volverán a repetirse.

La persona del ascensor.

Quien nos entrega un paquete.

El mesero de un restaurante que visitamos una sola vez.

La persona que está delante de nosotros en una fila.

No sabemos:

cómo fue su día;

qué problema enfrenta;

si acaba de recibir una buena noticia;

si está atravesando una pérdida;

si está cansada;

o si simplemente está teniendo un día normal.

Tampoco necesitamos saberlo.

La amabilidad no necesita una historia dramática que la justifique.

Podemos tratar bien a alguien simplemente porque es una persona.

Y quizá por eso tiene tanto valor.

No necesita recompensa.

No necesita reconocimiento público.

No necesita siquiera que volvamos a encontrarnos.

AMABILIDAD NO ES DEBILIDAD

A veces confundimos amabilidad con falta de carácter.

Pensamos que una persona amable:

evita los conflictos;

dice que sí a todo;

permite abusos;

no expresa desacuerdo;

o intenta agradar permanentemente.

No necesariamente.

Podemos ser amables y firmes.

Directos y respetuosos.

Exigentes y considerados.

Podemos decir:

“No estoy de acuerdo.”

“Eso no puede continuar.”

“No puedo ayudarte esta vez.”

“Necesito que cumplas el acuerdo.”

“No permito que me hables de esa manera.”

La amabilidad no determina necesariamente qué decisión tomamos.

Puede determinar cómo tratamos a la persona mientras la tomamos.

Ésta es una diferencia fundamental.

SER AMABLE NO SIGNIFICA RENUNCIAR A LOS LÍMITES.

Significa que incluso cuando ponemos límites podemos evitar humillar, despreciar o lastimar innecesariamente.

AMABILIDAD NO ES COMPLACENCIA

Esta distinción merece especial atención.

Una persona complaciente puede decir “sí” aunque quiera decir “no”.

Puede anteponer sistemáticamente las necesidades de otros.

Puede evitar conversaciones difíciles por miedo al rechazo.

Puede tolerar comportamientos que le hacen daño.

Eso no necesariamente es amabilidad.

La amabilidad también puede dirigirse hacia nosotros mismos.

Y eso incluye proteger:

nuestro tiempo;

nuestros límites;

nuestra dignidad;

nuestra salud;

y nuestras necesidades.

Por eso podemos expresarlo así:

AMABILIDAD + LÍMITES = RESPETO.

Podemos considerar al otro sin desaparecer nosotros.

¿Por Qué A Veces Somos Más Amables Con Desconocidos Que Con Nuestra Familia?

Pensemos en esta escena.

Estamos en un restaurante.

El mesero deja nuestros alimentos.

“Muchísimas gracias.”

Llegamos a casa.

Nuestra pareja nos pasa algo que necesitamos.

“Ponlo ahí.”

Con un cliente:

“Claro, con muchísimo gusto.”

Con nuestros hijos:

“¿No ves que estoy ocupado?”

Quizá no seamos malas personas.

Simplemente la familiaridad puede hacer que dejemos de cuidar las formas.

Damos por hecho que:

“Ellos saben que los quiero.”

Probablemente lo sepan.

Pero también importa cómo vivimos juntos todos los días.

La amabilidad dentro de una familia puede aparecer en frases sencillas:

“Gracias por hacerlo.”

“Perdón, te contesté mal.”

“¿Cómo te fue?”

“¿Necesitas ayuda?”

“Te escucho.”

“Qué bueno que llegaste.”

No requieren grandes discursos.

Requieren atención.

Y quizá una pregunta útil para todos sea:

¿TRATAMOS CON MÁS CORTESÍA A UN DESCONOCIDO QUE A LAS PERSONAS QUE MÁS QUEREMOS?

LA AMABILIDAD TAMBIÉN SE PRACTICA CUANDO ESTAMOS CANSADOS

Es sencillo ser amable cuando estamos tranquilos.

Más difícil cuando:

tenemos prisa;

algo salió mal;

estamos cansados;

estamos frustrados;

o alguien cometió un error.

Ahí aparece otro componente:

autorregulación.

Antes de contestar impulsivamente podemos detenernos unos segundos.

No para reprimir lo que sentimos.

Sino para evitar convertir nuestro malestar en un daño innecesario hacia otra persona.

Podemos decir:

“Estoy muy molesto y necesito hablar de esto.”

en lugar de:

“Siempre haces todo mal.”

Podemos expresar el problema sin atacar la dignidad.

Esto conecta directamente con varios temas que hemos trabajado en Competencias para la Vida:

manejo de emociones;

asertividad;

conflicto;

empatía;

inteligencia conversacional.

La amabilidad no sustituye esas competencias.

Las vuelve visibles en las relaciones cotidianas.

SER AMABLE TAMBIÉN SIGNIFICA ESCUCHAR

Víctor Küppers ha desarrollado esta idea más allá del simple saludo: cuando intentamos ser amables, algunas veces necesitamos escuchar, acompañar, esperar, ser pacientes o simplemente estar.

Eso amplía considerablemente el concepto.

Porque una persona puede decir:

“Buenos días”

y después no escuchar una sola palabra de quien tiene enfrente.

La amabilidad también puede consistir en regalar unos minutos de verdadera atención.

Sin interrumpir.

Sin mirar constantemente el teléfono.

Sin convertir inmediatamente la historia del otro en nuestra propia historia.

A veces la respuesta más amable no es:

“Yo te voy a decir qué hacer.”

Puede ser:

“Cuéntame.”

¿SER AMABLE TAMBIÉN PUEDE HACERNOS BIEN?

Aquí conviene evitar promesas exageradas.

No podemos decir:

“Sé amable y automáticamente serás feliz.”

La investigación es más prudente.

Una revisión empírica publicada en 2024 encontró una relación positiva entre conductas prosociales y bienestar, aunque los mecanismos que explican esa relación pueden variar.

Un metaanálisis publicado en 2026, que reunió 366 tamaños de efecto y más de 222 mil participantes, encontró una asociación positiva entre conducta prosocial y salud mental. Sin embargo, también identificó variaciones relacionadas con cultura, indicadores utilizados y diseño de los estudios.

Esto nos permite formularlo de manera más responsable:

RELACIONARNOS POSITIVAMENTE CON LOS DEMÁS PUEDE CONTRIBUIR A NUESTRO BIENESTAR, PERO LA AMABILIDAD NO ES UNA RECETA MÁGICA.

Y quizá tampoco necesitemos practicarla únicamente porque nos beneficia.

Hay algo valioso simplemente en hacer un poco mejor la experiencia de otra persona.

LA AMABILIDAD EN EL TRABAJO

Existe una frase frecuente:

“Yo no vengo al trabajo a hacer amigos.”

Puede ser perfectamente válida.

Una organización no tiene que convertirse en una familia.

Pero eso no significa que el lugar de trabajo tenga que ser frío o desagradable.

Podemos mantener relaciones profesionales y al mismo tiempo:

saludar;

escuchar;

dar las gracias;

responder;

pedir las cosas con respeto;

reconocer una contribución;

dar crédito;

corregir sin humillar;

respetar el tiempo de los demás.

Una investigación publicada en 2024 encontró una relación positiva entre experiencias de amabilidad en el trabajo y felicidad laboral. Como se trata de un estudio de asociación, no significa que la amabilidad explique por sí sola el bienestar de una persona, pero sí aporta evidencia sobre la importancia que pueden tener estos intercambios dentro de las organizaciones.

Esto también conecta con liderazgo.

Un jefe no tiene que ser el mejor amigo de su equipo.

Pero puede decidir si su autoridad se expresa mediante:

respeto;

claridad;

consideración;

o humillación.

La exigencia no necesita grosería.

UN ERROR NO BORRA A LA PERSONA

Supongamos que alguien cometió un error.

Podemos decir:

“Este resultado no cumple lo acordado. Necesitamos corregir estas tres cosas.”

O:

“Eres un desastre.”

En ambos casos estamos hablando del mismo problema.

Pero solamente una de esas frases distingue entre:

LA CONDUCTA

y

LA PERSONA.

La amabilidad profesional no impide corregir.

Nos ayuda a hacerlo sin convertir un error en una descalificación personal.

UNA PEQUEÑA ACCIÓN PUEDE CAMBIAR EL TONO DE UN ENCUENTRO

Pensemos en el ascensor del video.

Una persona entra.

Podemos mirar al frente.

O decir:

“Buenos días.”

Quizá la otra persona responda.

Quizá no.

La amabilidad tampoco puede depender completamente de la reacción que recibimos.

Porque entonces sería intercambio:

“Soy amable si tú también lo eres.”

Podemos elegir nuestra conducta.

La respuesta del otro le pertenece.

Esto no significa tolerar agresiones.

Significa que la educación no necesita funcionar únicamente cuando encontramos personas igualmente educadas.

TE VI — gestos cotidianos para reconocer a las personas
Gráfico original: Edgar Telpalo Consulting. TE VI — gestos cotidianos para reconocer a las personas.

RECONOCER NO ES ADULAR

También podemos ser amables reconociendo lo que alguien hizo bien.

Pero reconocimiento no significa elogio vacío.

Existe diferencia entre:

“Eres increíble.”

y:

“Gracias por quedarte unos minutos más ayer; ayudó mucho a que pudiéramos terminar.”

El segundo mensaje identifica una conducta concreta.

Lo mismo ocurre en casa.

En lugar de pensar:

“Ella sabe que agradezco todo lo que hace.”

podemos decirlo.

Muchas cosas positivas se sienten.

Pocas se expresan.

La amabilidad también puede consistir en cerrar esa distancia.

NO TODO GESTO AMABLE NECESITA SER GRANDE

A veces imaginamos que ayudar significa hacer algo extraordinario.

No necesariamente.

Puede consistir en:

sostener una puerta;

permitir que alguien pase;

explicar con paciencia;

ceder unos minutos;

recoger algo que se cayó;

avisar que alguien olvidó algo;

dar las gracias;

reconocer;

preguntar;

escuchar.

Ninguna de esas acciones cambiará por sí sola al mundo.

Pero puede cambiar ese pequeño momento.

Y nuestra vida está compuesta precisamente de pequeños momentos.

Amabilidad y complacencia: escuchar y respetar límites
Gráfico original: Edgar Telpalo Consulting. Amabilidad y complacencia: escuchar y respetar límites.

UNA HERRAMIENTA PROPIA: A.M.A.B.L.E.

Podemos convertir la amabilidad en una práctica concreta.

A — ADVIERTE A LA PERSONA

Antes de cualquier gesto necesitamos verla.

Mírala.

Saluda.

Reconoce su presencia.

M — MODERA TU REACCIÓN

No todo merece una respuesta inmediata.

Antes de contestar desde la prisa, el cansancio o el enojo, regula un poco tu reacción.

A — ATIENDE

Escucha.

Pregunta.

Presta atención.

A veces la mayor amabilidad consiste simplemente en permitir que alguien termine de hablar.

B — BUSCA UN GESTO ÚTIL

¿Existe algo sencillo que pueda facilitar este momento?

Ayudar.

Esperar.

Abrir una puerta.

Agradecer.

Reconocer.

Orientar.

L — LIMITA CON RESPETO

Ser amable no significa aceptar todo.

Puedes decir:

“No.”

“No estoy de acuerdo.”

“Eso no puedo hacerlo.”

“Necesito que respetemos este límite.”

Sin humillar.

E — EXPRESA

Muchas cosas buenas nunca llegan a convertirse en palabras.

Di:

“Gracias.”

“Perdón.”

“Lo hiciste muy bien.”

“Me dio gusto verte.”

“Te agradezco que hayas estado.”

La herramienta A.M.A.B.L.E. — Edgar Telpalo Consulting
Gráfico original: Edgar Telpalo Consulting. La herramienta A.M.A.B.L.E. — Edgar Telpalo Consulting.

UN EXPERIMENTO PARA HOY: UNA HORA DE AMABILIDAD

Podemos recuperar el espíritu práctico del video.

No necesitamos prometernos:

“Desde ahora seré siempre amable.”

Probablemente sea demasiado abstracto.

Probemos algo mucho más sencillo.

UNA HORA.

Durante la próxima hora:

saluda.

Mira a las personas.

Da las gracias.

Deja pasar.

Escucha.

Espera.

Reconoce.

Contesta un poco más despacio.

Guarda el teléfono cuando alguien te esté hablando.

Después pregúntate:

¿CAMBIÓ ALGO EN MIS ENCUENTROS?

¿CAMBIÓ ALGO EN MÍ?

Quizá descubramos que no necesitamos grandes oportunidades para practicar humanidad.

Tenemos decenas todos los días.

UNA IDEA PARA QUEDARNOS HOY

No podemos controlar cómo estarán todas las personas que encontremos mañana.

No sabemos:

quién tendrá prisa;

quién estará preocupado;

quién contestará mal;

quién tendrá un gran día;

o quién estará atravesando uno de los peores.

Tampoco podemos resolver los problemas de todos.

Pero sí podemos decidir algo mucho más pequeño:

cómo queremos tratarlos.

La persona del elevador.

Quien maneja delante de nosotros.

La cajera.

El mesero.

El compañero.

El cliente.

Nuestros hijos.

Nuestra pareja.

Nuestros padres.

Un desconocido.

La amabilidad parece pequeña porque normalmente dura segundos.

Pero gran parte de nuestra vida también está formada por segundos.

Quizá por eso no necesitemos esperar una ocasión extraordinaria para hacer algo bueno.

Podemos empezar diciendo:

“Buenos días.”

“Gracias.”

“Por favor.”

“¿Cómo estás?”

“Adelante.”

“¿Te ayudo?”

Y recordar:

SER AMABLE ES GRATIS.

Pero su valor no es pequeño.

Porque detrás de cada gesto existe un mensaje que quizá todos necesitamos recibir de vez en cuando:

“TE VI. IMPORTAS. MERECES SER TRATADO CON RESPETO.”

Tal vez una sociedad más amable no se construya solamente mediante grandes discursos.

Puede empezar en algo mucho más sencillo.

En el siguiente encuentro.

VIDEO COMPLEMENTARIO — SER AMABLE ES GRATIS

Para ampliar esta reflexión, puedes consultar el video público «Ser amable es gratis | Víctor Küppers», que sirvió como punto de partida para este artículo.

Ver video en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=PCHAb4goeaw

El video se ofrece como complemento de lectura; la reflexión y los recursos gráficos de esta publicación son originales de Edgar Telpalo Consulting.

Video que dio origen a la reflexión

Ver en YouTube: «Ser amable es gratis | Víctor Küppers» ↗

El enlace se ofrece como complemento de la lectura. Los tres gráficos que acompañan este artículo son creaciones propias de Edgar Telpalo Consulting y no reproducen fotogramas del video.

Contenido de Edgar Telpalo Consulting publicado en CHOLULA HOY · Competencias para la Vida.

Fuentes y referencias

Víctor Küppers, «Ser amable es gratis» (YouTube) · Edgar Telpalo Consulting, recursos gráficos originales

Continúa leyendo

Portada de hoy · Archivo de ediciones · Investigaciones especiales

Contexto y archivo