Competencias para la Vida · Edgar Telpalo Consulting · Edición #071
Crecer también incomoda: cuando lo que antes nos protegía empieza a limitarnos
La parábola de la langosta como metáfora de cambio y aprendizaje, sin confundir el dolor con el crecimiento.

Hay momentos en la vida en los que algo comienza a sentirse incómodo.
Un trabajo.
Una manera de dirigir.
Una relación.
Un hábito.
Una responsabilidad.
Una forma de pensar.
Una habilidad que antes era suficiente.
Incluso una versión de nosotros mismos.
Lo curioso es que aquello que ahora empieza a limitarnos quizá no haya sido malo.
Tal vez funcionó durante muchos años.
Nos protegió.
Nos permitió avanzar.
Nos ayudó a resolver problemas.
Pero llegó un momento en que dejó de ajustarse a lo que necesitamos.
Una conocida parábola utiliza a la langosta para hablar precisamente de esto.
La imagen parte de un hecho biológico real: las langostas tienen un exoesqueleto rígido que no crece al mismo ritmo que su cuerpo. Para continuar creciendo deben desprenderse periódicamente de esa cubierta y formar una nueva. Después de la muda, el nuevo caparazón todavía es blando y tarda algún tiempo en endurecerse.
La metáfora resulta poderosa:
a veces, para crecer, necesitamos dejar algo que hasta ese momento nos había protegido.
Pero conviene hacer una precisión desde el comienzo.
La parábola es una metáfora.
No significa que el sufrimiento produzca automáticamente crecimiento.
Ni que debamos soportar cualquier situación dolorosa pensando:
“Esto me está haciendo más fuerte.”
La vida humana es bastante más compleja.
Y precisamente ahí comienza nuestra reflexión.
Cuando Algo Que Nos Sirvió Ya No Nos Alcanza
Pensemos en una persona que ha dirigido durante veinte años de la misma manera.
Su estilo funcionó.
Era reconocido.
Obtenía resultados.
Pero cambió el equipo.
Cambió la tecnología.
Cambió el mercado.
Cambió la manera de trabajar.
Y continúa pensando:
“A mí siempre me ha funcionado.”
Probablemente sea verdad.
La pregunta importante es otra:
¿SIGUE FUNCIONANDO AHORA?
Lo mismo puede ocurrir en nuestra vida personal.
Durante años evitamos el conflicto.
Eso quizá nos ayudó a sobrevivir en determinados ambientes.
Pero después descubrimos que nunca expresamos lo que necesitamos.
Aprendimos a resolverlo todo solos.
Esa independencia pudo ser muy útil.
Pero ahora nos impide pedir ayuda.
Nos acostumbramos a controlar cada detalle.
Quizá eso nos dio seguridad.
Pero ahora dificulta que otras personas crezcan a nuestro alrededor.
Aquello que alguna vez fue una solución puede convertirse, con el paso del tiempo, en una limitación.
No porque haya estado siempre equivocado.
Sino porque nosotros y nuestras circunstancias cambiamos.
Ésa es una distinción importante.
MADURAR NO SIGNIFICA DESPRECIAR QUIENES FUIMOS.
También significa reconocer cuándo una estrategia cumplió su función y necesitamos aprender otra.
Nuestros “Caparazones” También Pueden Ser Psicológicos
No tenemos un exoesqueleto.
Pero sí construimos formas de protegernos.
Hábitos.
Creencias.
Rutinas.
Roles.
Explicaciones.
Maneras de relacionarnos.
Formas de enfrentar los problemas.
Algunas pueden parecerse a estas frases:
“Yo siempre puedo solo.”
“No debo mostrar debilidad.”
“Si no controlo todo, las cosas salen mal.”
“Cambiar de opinión significa perder autoridad.”
“Pedir ayuda demuestra incapacidad.”
“Siempre lo hemos hecho así.”
“Yo soy así y no voy a cambiar.”
Estas ideas pueden proporcionarnos cierta seguridad.
El problema aparece cuando dejamos de revisarlas.
Porque una estrategia que fue útil a los veinte años puede no serlo a los cuarenta.
La manera de educar a un niño de ocho años quizá no funcione con un adolescente de dieciséis.
La forma de dirigir a cinco personas puede resultar insuficiente cuando dirigimos cincuenta.
Una habilidad que nos permitió trabajar durante una década puede necesitar actualizarse cuando cambia la tecnología.
La pregunta no es:
“¿Estaba equivocado antes?”
Puede ser:
“¿ESTO TODAVÍA ME SIRVE PARA LA REALIDAD QUE TENGO HOY?”
La Incomodidad Puede Ser Información
Cuando algo deja de ajustarnos aparece fricción.
Nos irritamos.
Nos frustramos.
Sentimos inseguridad.
Pensamos:
“Antes era más fácil.”
Y a veces intentamos eliminar inmediatamente esa sensación.
Pero algunas incomodidades contienen información.
Aprender una habilidad nueva incomoda.
Aceptar que estábamos equivocados incomoda.
Escuchar una crítica incomoda.
Delegar cuando siempre hemos controlado todo incomoda.
Decir “no” cuando estamos acostumbrados a complacer incomoda.
Hablar de un problema que llevamos años evitando incomoda.
Volver a ser principiante incomoda.
Eso no significa que debamos buscar sufrimiento.
Significa que no toda incomodidad es necesariamente una señal para retroceder.
Podemos preguntarnos:
¿QUÉ ME ESTÁ DICIENDO ESTA INCOMODIDAD?
Quizá necesitamos practicar.
Tal vez necesitamos aprender.
Pedir ayuda.
Cambiar una expectativa.
Modificar una conducta.
O aceptar que algo que funcionaba dejó de hacerlo.
No Todo Lo Que Duele Nos Hace Crecer
Ésta es probablemente la precisión más importante de toda esta reflexión.
Existe una versión simplificada de la parábola que podría llevarnos a pensar:
“Si estás bajo presión es porque estás creciendo.”
No necesariamente.
La investigación psicológica sobre resiliencia define ésta como un proceso de adaptación frente a experiencias difíciles, en el que intervienen flexibilidad mental y conductual, recursos sociales y estrategias de afrontamiento. No significa simplemente soportar más presión.
Además, una revisión sistemática y metaanálisis de estudios longitudinales sobre crecimiento después de acontecimientos importantes encontró una realidad mucho menos sencilla que la conocida idea de que “el sufrimiento nos hace crecer”: pueden aparecer cambios positivos después de experiencias tanto negativas como positivas y no puede atribuirse automáticamente cualquier mejora posterior al hecho doloroso en sí mismo.
Esto importa muchísimo.
Porque hay situaciones frente a las cuales la respuesta saludable no consiste en aguantar.
Violencia.
Maltrato.
Humillación constante.
Explotación.
Agotamiento severo.
Riesgos para nuestra integridad.
Un ambiente que deteriora persistentemente nuestra salud.
Ahí decir:
“Resiste, estás creciendo”
puede convertirse incluso en una manera de normalizar el daño.
A veces crecer significa permanecer y aprender.
Otras veces significa:
poner un límite;
pedir ayuda;
cambiar una condición;
alejarnos;
o salir.
La pregunta correcta no es:
“¿Cuánto puedo aguantar?”
Sino:
“¿QUÉ RESPUESTA NECESITO PARA ADAPTARME DE MANERA SALUDABLE A ESTA SITUACIÓN?”

Entre Un Caparazón Y Otro Hay Vulnerabilidad
Hay otro aspecto interesante de la metáfora.
Cuando una langosta acaba de mudar, su nuevo caparazón todavía no posee la dureza anterior. Es una etapa de mayor vulnerabilidad mientras se fortalece.
Podemos trasladar esa imagen, con cuidado, al aprendizaje humano.
Cuando abandonamos una manera conocida de actuar todavía no dominamos completamente la siguiente.
Y aparece una etapa incómoda.
Antes:
sabíamos exactamente qué hacer.
Ahora:
preguntamos.
Dudamos.
Cometemos errores.
Necesitamos ayuda.
Nos sentimos torpes.
Eso puede hacernos pensar:
“Antes era mejor.”
Quizá no.
Tal vez antes simplemente éramos expertos en el sistema anterior.
Pensemos en una persona que lleva veinte años trabajando con determinada tecnología.
De pronto la empresa instala otra.
Un compañero más joven aprende rápidamente.
La persona experimentada empieza a sentirse insegura.
Puede pensar:
“Ya no sirvo para esto.”
Pero probablemente lo que realmente ocurre sea:
“Todavía no domino esto.”
Hay una enorme diferencia entre ambas frases.
Una convierte una dificultad temporal en una definición de identidad.
La otra la convierte en un proceso de aprendizaje.
Volver A Ser Principiante También Es Crecer
Ser competente resulta agradable.
Sabemos.
Resolvemos.
Los demás nos consultan.
Por eso aprender algo nuevo tiene un costo psicológico interesante:
durante un tiempo dejamos de sentirnos expertos.
Tenemos que preguntar.
Aceptar ayuda.
Equivocarnos.
Eso puede afectar especialmente a personas con mucha experiencia.
Pero aprender requiere permitirnos pasar nuevamente por esa etapa.
Podemos recordarnos:
“NO ESTOY PERDIENDO CAPACIDAD. ESTOY DESARROLLANDO UNA CAPACIDAD QUE TODAVÍA NO DOMINO.”
Esta diferencia puede cambiar completamente nuestra relación con el aprendizaje.
En El Trabajo: Cuando La Experiencia Se Convierte En Una Jaula
La experiencia es valiosísima.
El problema aparece cuando la utilizamos como argumento para no volver a aprender.
“Siempre lo hemos hecho así.”
“Antes no necesitábamos eso.”
“Yo llevo treinta años haciendo esto.”
Todas esas frases pueden contener conocimiento importante.
También pueden esconder miedo al cambio.
La experiencia funciona mejor cuando nos ayuda a interpretar lo nuevo.
No cuando nos impide verlo.
Un profesional verdaderamente experimentado no es quien repite durante treinta años exactamente la misma respuesta.
Es quien utiliza lo aprendido para responder mejor a problemas que también van cambiando.
Esto conecta directamente con lo que trabajamos en nuestra entrega sobre cambio organizacional:
las organizaciones cambian de verdad cuando las personas pueden transformar también sus conductas, capacidades y hábitos.
En El Liderazgo: Lo Que Nos Llevó Hasta Aquí Puede No Llevarnos A Lo Siguiente
Una persona puede llegar a una posición de liderazgo precisamente porque:
resuelve;
trabaja mucho;
controla detalles;
toma decisiones rápidamente.
Pero cuando empieza a dirigir un equipo quizá algunas de esas mismas conductas necesitan modificarse.
Ahora necesita:
delegar;
escuchar;
desarrollar personas;
permitir que otros decidan;
aceptar diferentes formas de trabajar.
Entonces aparece una paradoja:
una conducta que contribuyó a nuestro éxito puede convertirse después en el principal obstáculo para seguir creciendo.
No tenemos que eliminar nuestra capacidad anterior.
Necesitamos ampliarla.
Antes resolvía.
Ahora también debo enseñar a otros a resolver.
Antes decidía.
Ahora también necesito construir capacidad de decisión en el equipo.
Antes controlaba.
Ahora necesito aprender a confiar con seguimiento.
El crecimiento no siempre consiste en agregar.
A veces consiste en soltar.
En La Familia: Nuestros Hijos También Crecen Fuera De Nuestros Viejos Caparazones
Algo semejante ocurre en la crianza.
Una forma de cuidar a un niño pequeño puede ser absolutamente apropiada.
Pero ese niño crece.
Quiere decidir.
Necesita equivocarse.
Busca independencia.
Y entonces también los padres tenemos que cambiar.
No porque dejemos de cuidar.
Sino porque cambia la manera de hacerlo.
Pasamos gradualmente de:
resolver
a
acompañar.
De:
decidir por él
a
ayudarlo a decidir.
De:
proteger de todo error
a
permitir consecuencias razonables.
Eso también incomoda.
Porque el crecimiento de nuestros hijos exige a veces modificar nuestra propia identidad como padres.
No solamente crecen ellos.
La relación también necesita crecer.
No Necesitamos Eliminar Toda Frustración
Imaginemos que un hijo intenta algo y se desespera.
Nuestra primera reacción puede ser ayudar inmediatamente.
Pero algunas frustraciones razonables forman parte del aprendizaje.
Podemos acompañar diciendo:
“Veo que te está costando.”
“¿Qué podrías intentar diferente?”
“¿Quieres que pensemos juntos?”
Eso es distinto de resolver automáticamente.
La resiliencia no consiste en evitar cualquier dificultad, sino en desarrollar recursos para adaptarnos frente a ella. El apoyo de otras personas es precisamente uno de los factores que contribuyen a esa capacidad.
Acompañar no significa eliminar el reto.
Significa evitar que la persona tenga que atravesarlo completamente sola.
Crecer No Significa Hacerlo Todo Solos
La conocida imagen del individuo que supera cualquier dificultad únicamente gracias a su voluntad resulta atractiva.
Pero incompleta.
Nuestra capacidad de adaptación también depende de:
personas;
recursos;
oportunidades;
información;
condiciones;
salud;
experiencias anteriores;
y apoyo social.
La American Psychological Association destaca precisamente la importancia de los recursos sociales y de las estrategias de afrontamiento para la resiliencia.
Por eso no deberíamos convertir el crecimiento en otra exigencia:
“Deberías poder con esto.”
Hay ocasiones en las que una persona necesita:
un amigo;
familia;
un compañero;
un mentor;
un médico;
un psicólogo;
una organización;
o una comunidad.
Pedir ayuda también puede ser una estrategia de adaptación.
No Siempre Volvemos A Ser Quienes Éramos
Existe otra idea que vale la pena revisar.
Cuando atravesamos una dificultad solemos decir:
“Quiero volver a ser como antes.”
A veces ocurre.
Pero otras experiencias nos cambian.
Entonces quizá la meta no sea regresar exactamente al punto anterior.
Puede ser construir una forma diferente de vivir después de lo ocurrido.
Eso no obliga a llamar “bendición” a una experiencia dolorosa.
Tampoco significa agradecer lo que nos dañó.
Podemos reconocer simultáneamente:
“Esto fue difícil.”
y:
“Aprendí algo a partir de lo que ocurrió.”
Las dos afirmaciones pueden convivir.

El Cambio Más Difícil Puede Ser Dejar Una Identidad
A veces no estamos defendiendo solamente un hábito.
Estamos defendiendo una versión de nosotros mismos.
“Yo soy fuerte.”
“Yo soy quien resuelve.”
“Yo siempre tengo respuesta.”
“Yo nunca necesito ayuda.”
“Yo mantengo unida a la familia.”
“Yo soy indispensable.”
Entonces cambiar una conducta amenaza algo más profundo:
nuestra identidad.
Por eso algunos procesos de crecimiento producen tristeza.
No solamente estamos empezando algo nuevo.
También estamos despidiéndonos de algo conocido.
Y podemos reconocer:
“Esta manera de ser me ayudó durante mucho tiempo.”
sin concluir:
“Por eso tengo que seguir siendo así para siempre.”
Una Herramienta Propia: M.U.D.A.
Para esos momentos en que sentimos que algo ya no encaja, proponemos una herramienta sencilla.
M — MIRA LA INCOMODIDAD
¿Qué está ocurriendo?
¿Qué siento?
¿Cuándo aparece?
¿Es una dificultad razonable o estoy sufriendo daño?
Antes de reaccionar necesitamos comprender.
U — UBICA QUÉ NECESITA CAMBIAR
No necesariamente tenemos que cambiar toda nuestra vida.
Quizá sea:
una habilidad;
un hábito;
una expectativa;
una relación;
una manera de comunicarnos;
un límite;
un entorno;
una rutina.
Pregúntate:
¿Qué exactamente dejó de funcionar?
D — DEJA LO QUE YA NO SIRVE
Podemos agradecer una estrategia por lo que hizo por nosotros y, aun así, dejarla.
No necesitamos destruir nuestro pasado.
Necesitamos evitar que determine automáticamente nuestro futuro.
A — APRENDE Y AJUSTA
Prueba.
Practica.
Pide ayuda.
Equivócate.
Corrige.
Vuelve a intentar.
El nuevo “caparazón” no aparece perfectamente formado desde el primer día.
La capacidad se construye.

Una Práctica Para Hoy
Piensa en algo de tu vida que últimamente te esté generando incomodidad.
Después pregúntate:
¿Qué está ocurriendo realmente?
¿La situación cambió?
¿Yo cambié?
¿Lo que antes hacía sigue funcionando?
¿Qué parte todavía me sirve?
¿Qué parte necesito actualizar?
¿Esta incomodidad proviene del aprendizaje o de una situación que me está dañando?
¿Qué me da miedo dejar?
¿Qué tendría que aprender?
¿Quién podría ayudarme?
¿Qué pequeño cambio puedo probar primero?
No necesitamos modificar nuestra vida completa en una tarde.
A veces el crecimiento comienza reconociendo simplemente:
“Esto ya no me queda igual.”
Una Idea Para Quedarnos Hoy
La langosta no abandona su antiguo caparazón porque éste haya sido inútil.
Durante un tiempo la protegió.
Pero llega un momento en el que necesita desprenderse de él para continuar creciendo.
Podemos utilizar esa imagen para mirarnos.
Tal vez existen conductas, creencias, rutinas o formas de relacionarnos que también nos protegieron.
Nos trajeron hasta aquí.
Y eso merece reconocimiento.
Pero quizá algunas ya no pueden llevarnos hacia donde necesitamos ir.
Entonces aparece la incomodidad.
No necesariamente como enemiga.
Como información.
Una invitación a preguntarnos:
¿Qué está cambiando?
¿Qué necesito aprender?
¿Qué debo conservar?
¿Qué puedo dejar?
¿Necesito resistir, adaptarme, pedir ayuda, poner un límite o salir?
Porque crecimiento no significa sufrir.
Tampoco significa cambiar permanentemente.
Y mucho menos soportar cualquier situación esperando que mágicamente nos haga mejores.
Crecer puede significar algo más sencillo y más profundo:
RECONOCER CUÁNDO NUESTRA MANERA ACTUAL DE RESPONDER YA NO ES SUFICIENTE Y TENER LA FLEXIBILIDAD PARA CONSTRUIR UNA NUEVA.
Habrá momentos de seguridad.
Otros de incertidumbre.
Etapas en las que dominaremos perfectamente lo que hacemos.
Y otras en las que volveremos a sentirnos principiantes.
Eso también forma parte del desarrollo.
Quizá por eso una de las preguntas más importantes que podemos hacernos de vez en cuando sea:
¿QUÉ “CAPARAZÓN” ME PROTEGIÓ HASTA AQUÍ, PERO EMPIEZA A QUEDARME PEQUEÑO?
La respuesta no siempre exigirá abandonarlo inmediatamente.
Pero puede decirnos dónde empieza nuestro próximo aprendizaje.
COMPETENCIAS PARA LA VIDA
Conocernos · relacionarnos · crecer
Contenido de Edgar Telpalo Consulting publicado en CHOLULA HOY.
Contenido de Edgar Telpalo Consulting, publicado en CHOLULA HOY. No se atribuye al medio la autoría de esta reflexión.
Fuentes y documentación
- NOAA Fisheries · información biológica ↗
- American Psychological Association · resiliencia ↗
- APA · Building your resilience ↗
Se distinguen datos documentados, anuncios oficiales y asuntos en investigación. Las imágenes gráficas son editoriales y no sustituyen evidencia fotográfica.
