Una misma situación puede representar un reto manejable para una persona y convertirse en una experiencia abrumadora para otra.
Incluso nosotros mismos podemos responder de manera diferente ante situaciones semejantes dependiendo del momento de nuestra vida.
No siempre tenemos la misma energía.
Los mismos recursos.
El mismo apoyo.
La misma salud.
Ni la misma sensación de control.
Por eso hablar de estrés no consiste solamente en preguntar:
“¿Qué me está pasando?”
También necesitamos preguntarnos:
¿Cuándo aparece?
¿Dónde aparece?
¿Qué lo está provocando?
¿Qué recursos tengo para enfrentarlo?
¿Y cuánto tiempo llevo funcionando bajo esa presión?
Porque el estrés no es simplemente “estar nervioso”.
Es una respuesta mucho más amplia del organismo ante determinadas demandas.
¿Qué es el estrés?
La American Psychological Association define el estrés como una respuesta fisiológica o psicológica ante estresores internos o externos. Esa respuesta puede influir en prácticamente todos los sistemas del cuerpo y modificar cómo nos sentimos y cómo nos comportamos. https://www.apa.org
Eso significa que el estrés puede aparecer en:
el cuerpo;
los pensamientos;
las emociones;
y la conducta.
Podemos notar tensión muscular.
Mayor irritabilidad.
Preocupación.
Problemas para concentrarnos.
Sensación de presión.
Alteraciones del sueño.
Cambios en la forma de relacionarnos.
O simplemente la sensación de que estamos funcionando permanentemente “al límite”.
No todas esas manifestaciones aparecen en todas las personas.
Y tampoco significan automáticamente que exista un trastorno.
Pero sí pueden indicar que nuestro organismo está respondiendo a una demanda que necesita atención.
El estrés no es siempre el enemigo
Aquí necesitamos hacer una distinción importante.
Nuestro organismo necesita capacidad para activarse.
Antes de un examen.
Una presentación.
Una competencia.
Una conversación importante.
Una emergencia.
Esa activación puede aumentar temporalmente nuestra atención y prepararnos para responder.
Por eso no sería correcto plantear que todo estrés es necesariamente perjudicial.
La APA señala que el cuerpo está preparado para manejar pequeñas dosis de estrés y que cierta activación puede proporcionar energía para afrontar algunas situaciones. El problema aumenta cuando el estrés es excesivo, demasiado frecuente o se mantiene durante largos periodos. https://www.apa.org
En algunos modelos se utilizan los términos “eustrés” y “distrés” para distinguir experiencias de activación que pueden resultar manejables o incluso estimulantes de aquellas que producen malestar y sobrecarga.
Pero para nuestra conversación podemos decirlo de una manera más sencilla:
UNA COSA ES SENTIR PRESIÓN Y TENER RECURSOS PARA AFRONTARLA.
OTRA ES SENTIR QUE LAS DEMANDAS ESTÁN SUPERANDO DE MANERA CONTINUA NUESTRA CAPACIDAD DE RESPUESTA.
Ahí comienza el desgaste.

La misma situación no produce la misma respuesta en todos
Pensemos en hablar frente a cien personas.
Alguien puede sentir entusiasmo.
Otra persona puede experimentar nervios pero realizar la actividad.
Otra puede sentirse completamente desbordada.
El evento es parecido.
La experiencia no.
Nuestra respuesta puede estar influida por:
experiencia previa;
aprendizaje;
salud;
personalidad;
recursos disponibles;
apoyo social;
contexto;
percepción de control;
e incluso por el momento particular que estamos atravesando.
Por eso debemos evitar decirle a alguien:
“Eso no es para tanto.”
Quizá para nosotros no lo sea.
Para esa persona, en ese momento, puede representar una demanda mucho mayor.
La pregunta más útil sería:
¿QUÉ HACE QUE ESTA SITUACIÓN SEA TAN DIFÍCIL PARA TI?
Y después:
¿QUÉ RECURSOS PODRÍAN AYUDARTE A AFRONTARLA?
Control no significa controlarlo todo
Una idea muy importante del material que origina esta publicación es la percepción de control.
No podemos controlar:
todas las decisiones de otras personas;
el clima;
muchas circunstancias económicas;
una enfermedad inesperada;
un accidente;
o determinados cambios.
Pero sí puede existir diferencia entre sentir:
“No puedo hacer absolutamente nada.”
y poder identificar:
“Esto no depende de mí, pero esta parte sí.”
La percepción de falta de control también tiene importancia en el trabajo.
La Organización Mundial de la Salud identifica entre los riesgos psicosociales laborales las cargas excesivas, falta de personal, horarios prolongados o inflexibles, falta de control sobre el trabajo, apoyo limitado, supervisión autoritaria, violencia o acoso, funciones poco claras, inseguridad laboral y remuneración inadecuada. Organización Mundial de la Salud
Esto deja algo muy claro:
NO TODO EL ESTRÉS SE RESUELVE ENSEÑANDO A LA PERSONA A “MANEJARLO MEJOR”.
A veces también necesitamos cambiar las condiciones que lo están produciendo.
El estrés no es sólo responsabilidad individual
Imaginemos una organización con:
jornadas excesivas;
funciones confusas;
cambios permanentes sin explicación;
falta de personal;
liderazgo hostil;
poca autonomía;
y mala comunicación.
Podemos ofrecer al trabajador:
respiración;
mindfulness;
ejercicio;
organización del tiempo.
Algunas de esas herramientas pueden ayudar.
Pero no corregirán por sí solas una mala estructura de trabajo.
La OMS recomienda precisamente intervenir también sobre las condiciones organizacionales: evaluar y modificar riesgos psicosociales, cargas, horarios, violencia, comunicación y otras características del entorno laboral. Organización Mundial de la Salud
Esto es esencial.
Porque decir:
“Aprende a manejar tu estrés”
puede ser insuficiente cuando lo que necesitamos decir además es:
“Revisemos qué está generando ese estrés.”
¿Dónde nos afecta el estrés?
CUERPO.
PENSAMIENTO.
EMOCIÓN.
CONDUCTA.
Cuerpo
Puede aparecer tensión muscular.
Dolores de cabeza.
Cambios gastrointestinales.
Palpitaciones.
Alteraciones en la respiración.
Fatiga.
Problemas de sueño.
La APA señala que el estrés influye en sistemas musculoesquelético, respiratorio, cardiovascular, endocrino, gastrointestinal, nervioso y reproductivo, y que los efectos resultan especialmente relevantes cuando el estrés se vuelve crónico. https://www.apa.org
Pensamiento
Podemos tener:
dificultad para concentrarnos;
preocupación repetitiva;
sensación de no poder organizar prioridades;
problemas para tomar decisiones;
o pensamientos cada vez más negativos acerca de nuestras posibilidades.
Emoción
Puede aparecer:
irritabilidad;
miedo;
ansiedad;
enojo;
frustración;
tristeza;
o sensación de agobio.
Conducta
Podemos:
aislarnos;
discutir más;
procrastinar;
dormir menos;
comer de manera diferente;
trabajar sin descanso;
o abandonar actividades que antes nos ayudaban a recuperarnos.
El estrés puede, por tanto, extenderse mucho más allá del acontecimiento que lo originó.

La duración importa
Ésta es quizá una de las ideas más importantes.
No es lo mismo estar sometido a una presión durante veinte minutos que vivir durante meses con la sensación de no poder recuperar el equilibrio.
Nuestro organismo puede responder a una exigencia puntual.
El problema aparece cuando la respuesta de estrés permanece encendida demasiado tiempo.
La evidencia sobre estrés crónico muestra que una activación prolongada puede contribuir al desgaste físico y psicológico y afectar la calidad de vida. https://www.apa.org
Por eso una pregunta fundamental es:
¿ESTOY RECUPERÁNDOME DESPUÉS DEL ESFUERZO?
Porque trabajar mucho durante un periodo y después recuperarnos no es exactamente lo mismo que:
trabajar mucho;
dormir poco;
preocuparnos continuamente;
seguir trabajando;
y empezar otra jornada sin recuperación.
La recuperación también forma parte de nuestra capacidad de afrontar las demandas.
Luchar, huir o quedarnos bloqueados
Cuando percibimos amenaza, nuestro organismo puede movilizar distintas respuestas de defensa.
Popularmente hablamos de:
lucha;
huida;
o inmovilización.
Es una forma simplificada de describir respuestas biológicas complejas.
No todas las personas reaccionamos igual.
Y tampoco utilizamos siempre la misma respuesta.
Una persona puede confrontar una situación.
Otra puede evitarla.
Otra puede sentirse momentáneamente paralizada.
Eso no significa automáticamente debilidad.
Nuestro sistema está intentando responder a una amenaza percibida.
La pregunta posterior es:
¿LA RESPUESTA QUE ESTOY UTILIZANDO SIGUE SIENDO ÚTIL PARA ESTA SITUACIÓN?
Porque algunas respuestas que alguna vez nos protegieron pueden dejar de ser útiles en otros contextos.
¿Qué me está causando estrés?
El material que compartiste propone cuatro preguntas muy útiles:
¿CUÁNDO?
¿DÓNDE?
¿QUÉ ME LO CAUSA?
¿qué me pasa?
Las conservaría como una herramienta de autoobservación.
Por ejemplo:
¿cuándo aparece?
¿Al despertar?
¿Antes de ir al trabajo?
¿Durante una reunión?
¿Cuando estoy con determinada persona?
¿Al revisar mis finanzas?
¿Al pensar en una situación pendiente?
¿dónde aparece?
¿En casa?
¿En el trabajo?
¿Durante mis traslados?
¿En redes sociales?
¿En determinadas relaciones?
¿qué lo desencadena?
¿Sobrecarga?
¿Falta de claridad?
¿Incertidumbre?
¿Problemas económicos?
¿Conflictos?
¿Falta de descanso?
¿Sensación de no tener control?
¿qué me pasa?
¿Qué ocurre en mi cuerpo?
¿Qué pienso?
¿Qué siento?
¿Qué hago?
Registrar estas respuestas puede ayudarnos a dejar de pensar simplemente:
“Estoy estresado”
y comenzar a comprender:
“ESTO ES LO QUE ME ESTÁ ESTRESANDO.”
Y esa diferencia importa.
Estrés en el trabajo: no todo es “mucho trabajo”
A veces pensamos que estrés laboral significa únicamente tener demasiadas tareas.
No necesariamente.
También puede surgir de:
falta de claridad sobre lo que se espera de nosotros;
poca autonomía;
mal liderazgo;
conflictos;
falta de apoyo;
mala comunicación;
inseguridad laboral;
horarios extensos;
acoso;
condiciones deficientes;
o asumir más responsabilidades sin recursos suficientes.
La actualización de la OMS sobre salud mental en el trabajo publicada en septiembre de 2026 identifica precisamente varios de estos factores como riesgos relevantes. Organización Mundial de la Salud
Por eso, frente al estrés laboral, también necesitamos preguntarnos:
¿EL PROBLEMA ESTÁ EN CÓMO ESTOY AFRONTANDO LA SITUACIÓN?
¿EN LAS CONDICIONES DE TRABAJO?
¿O EN AMBAS?
Muchas veces la respuesta será:
en ambas.

¿Podemos evitar el estrés?
Probablemente no por completo.
Y quizá ése tampoco debería ser el objetivo.
La vida contiene:
incertidumbre;
cambios;
responsabilidades;
conflictos;
pérdidas;
retos.
No podemos eliminar todas las demandas.
Podemos trabajar en tres niveles:
REDUCIR LO QUE PUEDA REDUCIRSE.
CAMBIAR LA MANERA DE AFRONTAR LO QUE NO PUEDA ELIMINARSE.
PEDIR AYUDA CUANDO NUESTROS RECURSOS NO SEAN SUFICIENTES.
Esto resulta mucho más realista que prometer una vida “sin estrés”.
¿Qué puede ayudarnos?
No existe una única estrategia que funcione para todos.
Pero podemos revisar varias áreas.
Organizar el tiempo.
No para convertir cada minuto en productividad, sino para distinguir prioridades, reducir acumulación y evitar compromisos innecesarios.
Aprender a decir no.
Aceptar permanentemente más de lo que podemos manejar termina teniendo consecuencias.
Descansar.
El descanso no es tiempo perdido.
Forma parte de nuestra recuperación.
Actividad física.
La OMS recomienda, entre las acciones dirigidas a las personas para apoyar la salud mental en el trabajo, intervenciones psicosociales y oportunidades para actividad física recreativa. Organización Mundial de la Salud
Hablar.
Expresar lo que estamos viviendo puede ayudarnos a organizar la experiencia y también permitir que otras personas conozcan aquello que necesitamos.
Pedir apoyo.
A una pareja.
A un amigo.
A un compañero.
A un supervisor.
O a un profesional.
Revisar nuestra interpretación.
No para “pensar positivo”.
Sino para preguntarnos:
¿Estoy viendo la situación completa?
¿Hay otra alternativa?
¿Estoy anticipando algo como si ya hubiera ocurrido?
Poner límites.
A determinadas demandas.
Horarios.
Personas.
Responsabilidades.
Hábitos.
Recuperar actividades que nos ayudan.
Música.
Ejercicio.
Convivencia.
Naturaleza.
Lectura.
Descanso.
Respiración.
Meditación o mindfulness pueden ser útiles para algunas personas, aunque no son soluciones universales.
Y algo particularmente importante:
CAMBIAR AQUELLO QUE REALMENTE ESTÁ PRODUCIENDO EL PROBLEMA, CUANDO SEA POSIBLE.
No siempre debemos adaptarnos a todo.
A veces debemos modificar la situación.
Una herramienta propia: R.E.C.U.R.S.O.S.
R — reconoce
¿Qué me está generando presión?
No digas solamente:
“Todo.”
Intenta identificarlo.
E — evalúa
¿Qué tan intensa es la demanda?
¿Cuánto tiempo lleva?
¿Está aumentando?
C — conecta
¿Qué está ocurriendo en mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones y mi conducta?
U — ubica lo que puedes controlar
¿Qué depende de ti?
¿Qué no?
R — revisa tus recursos
¿Qué tienes disponible?
Tiempo.
Conocimientos.
Apoyo.
Dinero.
Información.
Descanso.
Experiencia.
S — simplifica o reduce
¿Qué puedes eliminar, aplazar, delegar, negociar o limitar?
O — obtén apoyo
¿Necesitas ayuda?
Pedirla no significa incapacidad.
S — supervisa tu recuperación
¿Después del esfuerzo vuelves a sentirte mejor?
¿O cada día acumulas más cansancio y malestar?
Ésta puede ser una señal importante.

¿Cuándo debemos pedir ayuda profesional?
No necesitamos esperar a estar completamente desbordados.
Conviene considerar apoyo profesional cuando el estrés:
permanece durante periodos prolongados;
interfiere considerablemente con el sueño;
afecta nuestro funcionamiento cotidiano;
deteriora relaciones importantes;
nos impide trabajar o realizar actividades habituales;
provoca síntomas físicos persistentes;
o se acompaña de ansiedad o tristeza intensas.
Y si aparecen pensamientos de hacerse daño, desesperanza extrema o una crisis, debemos buscar atención inmediata.
Las herramientas de autocuidado son útiles.
Pero no sustituyen evaluación y tratamiento profesional cuando éstos son necesarios.
Una práctica para esta semana
En lugar de decir:
“Estoy muy estresado”,
intenta responder estas ocho preguntas:
¿Qué situación me está generando mayor presión?
¿Desde cuándo?
¿Qué parte puedo controlar?
¿Qué parte no?
¿Qué está ocurriendo en mi cuerpo?
¿Qué estoy pensando repetidamente?
¿Qué recurso me está faltando?
¿Qué acción concreta podría disminuir la presión o aumentar mis recursos?
No necesitas resolver todo hoy.
El objetivo inicial es comprender mejor qué está ocurriendo.
Porque algo cambia cuando dejamos de ver el estrés como una nube indefinida y comenzamos a identificar:
la demanda;
la respuesta;
los recursos;
y las posibilidades.
Una idea para quedarnos hoy
El estrés forma parte de la capacidad humana de adaptación.
No debemos convertir cualquier presión en enfermedad.
Pero tampoco normalizar vivir permanentemente agotados.
Una exigencia puede movilizarnos.
Otra puede superar temporalmente nuestros recursos.
Y una presión intensa, prolongada y sin recuperación puede empezar a desgastarnos.
Por eso quizá la pregunta no sea:
“¿Cómo elimino completamente el estrés?”
Sino:
¿QUÉ ME ESTÁ EXIGIENDO ESTA SITUACIÓN?
¿QUÉ RECURSOS TENGO PARA AFRONTARLA?
¿QUÉ PUEDO CAMBIAR?
¿QUÉ NECESITO ACEPTAR?
¿Y CUÁNDO NECESITO PEDIR AYUDA?
No todo nos afecta igual.
No siempre reaccionamos igual.
Y no tenemos que resolverlo todo solos.
El objetivo no es convertirnos en personas capaces de soportar cualquier presión.
Es algo mucho más saludable:
APRENDER A RECONOCER CUÁNDO UNA DEMANDA NOS MOVILIZA Y CUÁNDO ESTÁ EMPEZANDO A DESGASTARNOS.
COMPETENCIAS PARA LA VIDA
Conocernos · relacionarnos · crecer
Contenido de Edgar Telpalo Consulting publicado en CHOLULA HOY.

