La clase media en México: entre el miedo a caer y la aspiración de ser privilegiada
¿Por qué algunas personas que dependen de su trabajo para conservar su bienestar pueden identificarse con los sectores más privilegiados? ¿Qué sucede cuando el deseo legítimo de proteger lo conseguido se transforma en la necesidad de mantener una posición de superioridad social?

En México, pertenecer a la clase media puede representar el resultado de muchos años de esfuerzo: una vivienda, estudios profesionales, un automóvil, un negocio propio o la posibilidad de ofrecer mejores condiciones de vida a los hijos.
Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad puede existir una realidad menos visible: el patrimonio familiar es limitado, los ingresos dependen del trabajo y una crisis económica o de salud podría comprometer buena parte de lo conseguido.
Al mismo tiempo, la pertenencia a la clase media puede convertirse en una identidad social. Para algunos, no significa solamente vivir mejor, sino distinguirse de quienes tienen menos recursos y aspirar a incorporarse a los grupos privilegiados.
Esta investigación examina una posible contradicción: la distancia entre la seguridad económica real de ciertos sectores medios y la posición social con la que desean identificarse.
No se trata de afirmar que toda la clase media piense igual, tenga prejuicios contra las personas pobres o vote por la derecha. La evidencia electoral mexicana no respalda esa generalización.
Se trata de comprender cómo se relacionan la movilidad económica, el temor al descenso, la identidad de clase, el clasismo y las preferencias políticas.
1. ¿Quién pertenece realmente a la clase media?
La clase media no es una categoría tan sencilla como parece.
Existen distintas maneras de definirla: por ingresos, patrones de consumo, patrimonio, ocupación, educación o autopercepción social.
El INEGI, en su estudio experimental Cuantificando la clase media en México 2010-2020, estimó que en 2020 el 37.2% de la población mexicana pertenecía a la clase media, el 62% a la clase baja y el 0.8% a la clase alta.
En 2018, la proporción de población clasificada como clase media había sido de 42.7%.
El descenso observado entre ambos años ocurrió en un periodo marcado por la crisis económica de la pandemia.
Estas cifras corresponden a la metodología experimental de aquel estudio, no a una clasificación actualizada a 2026.
Pero incluso dentro de un mismo nivel de ingresos existen diferencias importantes.
Un profesionista asalariado, el propietario de una pequeña tienda y una persona que obtiene sus ingresos de inmuebles o inversiones pueden disponer de cantidades semejantes para vivir.
Sin embargo, sus condiciones económicas no son equivalentes.
El asalariado depende de conservar su empleo. El pequeño empresario necesita mantener las ventas y cubrir los costos de operación. Quien posee patrimonio e ingresos diversificados puede disponer de otras alternativas ante una crisis.
Por eso, tener ingresos de clase media no equivale necesariamente a contar con la seguridad económica de una familia que posee riqueza acumulada.
Tampoco significa que pertenecer a un quintil determinado equivalga automáticamente a formar parte de una clase social.
2. El miedo a caer: la fragilidad detrás del bienestar
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 encontró que el 65.6% del ingreso corriente agregado de los hogares mexicanos provenía del trabajo.
Las transferencias representaban 17.7%, mientras que las rentas de la propiedad aportaban 4.9%. Otro componente importante era el alquiler imputado de la vivienda propia, una estimación no monetaria.
Estas proporciones no describen a cada familia individualmente, pero muestran el peso que tiene el trabajo en la economía de los hogares.
¿Qué ocurre cuando ese ingreso desaparece?
Una enfermedad prolongada, la pérdida del empleo, el cierre de un negocio o el incremento de las deudas pueden afectar seriamente la estabilidad familiar.
En este contexto aparece el concepto de miedo a caer, estudiado por la socióloga y escritora Barbara Ehrenreich en Fear of Falling, publicado en 1989.
Su reflexión se concentró en la clase media estadounidense y sus transformaciones culturales y políticas. No debe trasladarse automáticamente a México, pero ofrece una perspectiva útil sobre la inseguridad que puede acompañar a las posiciones intermedias.
¿Qué dicen los datos sobre el descenso económico?
Una investigación académica publicada en 2021, utilizando una matriz histórica de movilidad social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) correspondiente a 2013, encontró que, entre las personas cuyo hogar de origen pertenecía al tercer quintil económico:
- 39% descendió a los quintiles primero o segundo.
- 29% permaneció en el tercero.
- 32% ascendió al cuarto o quinto.
En ese ejercicio histórico, el descenso fue ligeramente más frecuente que el ascenso.
Sin embargo, el resultado mide movilidad entre generaciones. No significa que actualmente el 39% de la clase media esté por caer en pobreza, ni permite calcular una probabilidad anual de descenso económico.
Para comprender la persistencia de las desigualdades también resulta útil el Informe de movilidad social en México 2025 del CEEY.
Con información de la ESRU-EMOVI 2023, el estudio encontró que la mitad de las personas que nacieron en el quintil de menores recursos económicos permanece en él durante su vida adulta, mientras que solamente 2% llega al quintil superior.
Además, el CEEY estima que al menos 48% de la desigualdad económica nacional está relacionada con circunstancias que generan desigualdad de oportunidades.
Estos resultados muestran que el origen familiar continúa influyendo profundamente en las posibilidades de ascenso.
El esfuerzo individual importa, pero sus resultados no pueden comprenderse sin considerar las condiciones de partida.
La clase media enfrenta una tensión particular: desea continuar ascendiendo, pero también puede temer perder la estabilidad que le ha costado conseguir.
3. Cuando progresar también significa distinguirse
El ascenso social no siempre se expresa únicamente mediante mayores ingresos.
También puede modificar las formas de consumo, las relaciones personales, los espacios frecuentados y la manera en que una persona interpreta su lugar en la sociedad.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu estudió este fenómeno en La distinción, publicado originalmente en 1979.
Su trabajo permite comprender cómo la educación, los gustos, las prácticas culturales y los estilos de vida pueden funcionar como elementos de diferenciación entre grupos sociales.
Desde esta perspectiva, la pertenencia a una clase no se expresa solamente en los recursos económicos disponibles, sino también en el reconocimiento social.
Una persona puede valorar determinados bienes no únicamente por su utilidad, sino porque representan una posición frente a los demás.
Aquí surge una hipótesis central de nuestra investigación:
Algunos sectores medios podrían construir una parte de su identidad alrededor de la distancia que los separa de las clases populares.
Esa distancia puede expresarse en el lugar de residencia, la escuela de los hijos, la apariencia, las ocupaciones o las formas de consumo.
No implica necesariamente desprecio hacia los demás. Pero, cuando se acompaña de prejuicios y criterios de exclusión, puede convertirse en una forma de clasismo.
¿Qué sucede cuando otros comienzan a progresar?
Imaginemos que determinados bienes, servicios o espacios, anteriormente accesibles para una minoría, comienzan a estar al alcance de familias con menores ingresos.
Una reacción posible es reconocer esa transformación como un avance social.
Otra consiste en percibirla como una pérdida de exclusividad.
En este segundo caso, el bienestar material de quien se siente amenazado podría no haber disminuido.
Lo que cambia es su posición relativa frente a los demás.
La pregunta resulta reveladora:
¿Qué se teme perder cuando las clases populares mejoran sus condiciones de vida: seguridad económica o una distancia social que permitía sentirse superior?
No todas las personas reaccionan de esa manera. Pero la sociología proporciona herramientas para investigar cuándo el deseo de conservar estatus puede contribuir a reproducir fronteras de clase.
En México existen antecedentes académicos pertinentes.
Gonzalo A. Saraví estudió las representaciones recíprocas de la desigualdad entre jóvenes de sectores populares y privilegiados.
Por su parte, David Luján Verón y Diana Guillén analizaron, mediante entrevistas etnográficas en colonias de estratos medio-altos y altos de la Ciudad de México, cómo se construyen ideas sobre pertenencia y legitimidad en el espacio público.
Son estudios cualitativos sobre poblaciones específicas; no representan a toda la clase media mexicana.
No obstante, muestran que las diferencias económicas también poseen dimensiones simbólicas y culturales.
4. Del oprimido al opresor: una reflexión desde Paulo Freire
Una de las ideas más importantes de esta investigación proviene del pensamiento del educador brasileño Paulo Freire.
En Pedagogía del oprimido, Freire examina cómo las personas sometidas a relaciones de dominación pueden interiorizar valores de quienes ejercen poder sobre ellas.
En determinadas circunstancias, la aspiración de mejorar su situación puede confundirse con el deseo de ocupar el lugar de quien domina, en vez de transformar las relaciones que producen desigualdad.
No se trata de una ley universal ni significa que toda persona que haya padecido injusticias termine reproduciéndolas.
Es una interpretación crítica sobre la interiorización de jerarquías.
Aplicada a nuestro tema, permite plantear una pregunta:
¿Puede alguien que conoció las dificultades económicas adoptar, después de mejorar su posición, los mismos prejuicios que anteriormente se dirigían contra personas como ella?
La respuesta exige distinguir el ascenso económico del comportamiento social.
Una persona puede superar condiciones de pobreza y mantener una actitud solidaria hacia quienes enfrentan dificultades semejantes.
Otra podría interpretar su propia historia como demostración de que cualquiera puede progresar si se esfuerza lo suficiente.
En este segundo caso, existe el riesgo de ignorar las diferencias de oportunidades y atribuir la pobreza exclusivamente a decisiones personales.
El clasismo tiene una presencia documentada
La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 encontró que el 33.9% de las personas adultas mexicanas estuvo de acuerdo con la afirmación de que los pobres se esfuerzan poco por salir de su pobreza.
Es una proporción considerable.
El porcentaje no corresponde exclusivamente a la clase media y no permite identificar las preferencias políticas de quienes compartían esa creencia.
Pero sí documenta la presencia social de un prejuicio que responsabiliza a las personas pobres de su condición.
Aquí se conecta esta investigación con nuestro trabajo anterior, «El pobre es pobre porque quiere».
La pobreza no puede explicarse únicamente mediante cualidades personales, porque las oportunidades económicas están condicionadas por factores familiares, educativos, laborales y territoriales.
La creencia en el mérito individual puede favorecer la responsabilidad y el esfuerzo.
El problema surge cuando se convierte en una explicación absoluta que niega las desigualdades de origen.
Haber conseguido mejorar económicamente no demuestra que todos hayan tenido las mismas oportunidades para hacerlo.
5. La identidad de clase y las preferencias políticas
Llegamos a una de las preguntas que motivaron esta investigación:
¿Por qué determinados sectores de la clase media pueden identificarse políticamente con propuestas asociadas con grupos económicamente más favorecidos?
Una explicación posible es que las personas no evalúan las políticas exclusivamente desde su situación económica presente.
También intervienen sus aspiraciones, valores culturales, experiencias personales, preocupaciones por la seguridad, opiniones sobre los impuestos y confianza en las instituciones.
Algunos pueden identificarse con discursos que destacan la iniciativa privada, la propiedad, la autonomía individual y la responsabilidad personal.
Otros pueden priorizar la redistribución económica, la ampliación de los servicios públicos o la protección social.
Estas preferencias no permiten deducir automáticamente que una persona tenga prejuicios de clase.
¿La clase media mexicana vota mayoritariamente por la derecha?
La evidencia disponible obliga a responder con cautela.
En la encuesta nacional de salida de El Financiero, realizada durante la elección presidencial de 2024, Claudia Sheinbaum obtuvo el 59% del voto entre quienes se identificaron como clase media, frente al 30% de Xóchitl Gálvez.
Entre quienes se identificaron como clase media-alta, los porcentajes fueron 49% y 41%, respectivamente.
Son resultados de una encuesta electoral, no una medición censal ni una demostración de las causas del voto.
Sin embargo, contradicen la idea de que la clase media mexicana constituya mayoritariamente un bloque electoral de derecha.
Además, Francisco Abundis Luna y Lorenzo León Robles, en una investigación publicada por la Revista Mexicana de Opinión Pública en 2022, estudiaron la identidad de clase y el comportamiento electoral de 2021.
Encontraron que, aunque existía una relación entre una mayor posición social y el voto opositor, el efecto de la identidad de clase media resultaba prácticamente nulo y estadísticamente no significativo en su modelo.
Por ello, sería incorrecto afirmar que el miedo a perder estatus o el clasismo explican automáticamente el voto de derecha.
La hipótesis más precisa consiste en examinar cuándo las aspiraciones de ascenso, las percepciones de amenaza y las actitudes hacia la desigualdad influyen sobre determinadas preferencias políticas.
La relación puede existir en ciertos grupos, pero no debe presentarse como una característica general de toda la clase media.
6. ¿Qué protege realmente el bienestar de una familia?
La estabilidad económica no depende solamente de cuánto dinero ingresa cada mes.
También importan la seguridad del empleo, el patrimonio acumulado, las deudas, la cobertura sanitaria, las oportunidades educativas y la protección frente a contingencias.
Una familia puede considerarse independiente económicamente y, al mismo tiempo, depender de manera importante de instituciones públicas.
La atención médica, las escuelas, la seguridad social, la infraestructura y las condiciones laborales pueden influir directamente en su capacidad para conservar el bienestar.
El Estudio Económico de México 2026 de la OCDE estima que aproximadamente 55% del empleo nacional se desarrolla en condiciones de informalidad.
Esta situación limita el acceso de numerosos trabajadores a mecanismos formales de protección social.
Por otro lado, las políticas públicas pueden generar beneficios y costos diferenciados.
Una reducción de impuestos sobre determinados ingresos o patrimonios favorece directamente a quienes están sujetos a esos gravámenes, aunque también pueden plantearse efectos indirectos sobre inversión y actividad económica que requieren evaluación.
Los impuestos al consumo, los programas sociales y los servicios públicos tienen consecuencias distintas según el ingreso, el patrimonio y las necesidades de cada hogar.
Tampoco todas las políticas identificadas con la derecha o la izquierda producen necesariamente los mismos resultados.
La evaluación debe realizarse sobre medidas concretas, considerando sus objetivos, diseño, financiamiento y efectos observados.
Aquí surge una pregunta fundamental:
¿Hasta qué punto algunas personas valoran las políticas económicas pensando en el grupo al que aspiran a pertenecer y no solamente en sus condiciones materiales presentes?
Responderla requiere evidencia específica sobre motivaciones y preferencias.
Pero la pregunta permite observar una diferencia importante entre identidad económica y situación económica real.
Un trabajador asalariado, un pequeño empresario y una persona que vive principalmente de su patrimonio pueden compartir determinadas convicciones políticas, aunque enfrenten riesgos materiales distintos.
7. Puebla: una realidad que también merece atención
La discusión sobre las oportunidades y la vulnerabilidad económica tiene una expresión cercana.
Según la medición de pobreza multidimensional del INEGI, el 43.4% de la población de Puebla se encontraba en esa condición en 2024, frente al 29.6% nacional.
Entre niñas, niños y adolescentes poblanos de cero a 17 años, la proporción alcanzaba 54.6%.
Las cifras evidencian diferencias importantes en las condiciones de vida y refuerzan la necesidad de estudiar las oportunidades disponibles desde edades tempranas.
Sin embargo, no describen específicamente a la clase media de Puebla ni permiten inferir su comportamiento electoral.
Para San Pedro Cholula, el debate plantea preguntas sobre acceso a educación, servicios públicos, empleo, vivienda y oportunidades económicas en los barrios y juntas auxiliares.
El análisis municipal requiere mediciones territoriales propias. No sería correcto atribuir a San Pedro Cholula los indicadores estatales sin esa distinción.
Aun así, el contexto poblano permite recordar que la movilidad social no depende exclusivamente de decisiones individuales.
También está relacionada con las condiciones económicas y los servicios disponibles en el territorio donde una persona nace y se desarrolla.
8. ¿Ascender socialmente o transformar las reglas?
Después de revisar los datos y las interpretaciones sociológicas, aparece una distinción fundamental.
No es lo mismo aspirar a mejorar nuestras condiciones de vida que aspirar a conservar una posición de superioridad frente a quienes tienen menos.
El primer objetivo es legítimo: trabajar para obtener una vivienda, construir patrimonio, ofrecer educación a los hijos y disponer de seguridad económica.
El segundo requiere reflexión cuando implica excluir a otras personas de oportunidades semejantes.
Una vivienda digna, la educación, la salud y la estabilidad laboral no deberían entenderse como ventajas que necesitan permanecer reservadas a determinados grupos.
Son condiciones de bienestar cuya ampliación puede beneficiar al conjunto de la sociedad.
La clase media mexicana no es homogénea.
Sus integrantes tienen trayectorias, patrimonios, valores y preferencias políticas diferentes.
Algunos pueden identificarse con aspiraciones de ascenso económico y defender políticas de mayor competencia y libertad empresarial.
Otros pueden considerar prioritarios los servicios públicos, los derechos laborales o la redistribución del ingreso.
Y en determinados sectores podrían coexistir el temor al descenso económico, las aspiraciones de pertenencia a grupos privilegiados y los prejuicios contra quienes tienen menos recursos.
La evidencia revisada no permite concluir que esa combinación sea mayoritaria ni que determine una preferencia electoral específica.
Pero sí justifica investigar cómo las jerarquías económicas pueden reproducirse también mediante nuestras percepciones, valores y relaciones cotidianas.
Paulo Freire planteó la importancia de reconocer y transformar las relaciones de opresión, en lugar de limitarse a reproducirlas desde una posición diferente.
Bourdieu mostró que las diferencias de clase también pueden expresarse mediante prácticas culturales y formas de distinción social.
Y las investigaciones del CEEY recuerdan que las oportunidades económicas siguen profundamente condicionadas por el origen.
Estas tres perspectivas, aunque pertenecen a tradiciones diferentes, permiten formular la reflexión que atraviesa nuestro reportaje.
¿Qué sucede cuando una persona consigue mejorar su posición económica, pero continúa considerando necesaria la desigualdad que la separa de quienes tienen menos?
Quizá uno de los desafíos más profundos no sea solamente conseguir que más personas asciendan en la escala económica.
También consiste en construir condiciones para que el bienestar deje de depender de ventajas excluyentes.
Porque una sociedad con mayores oportunidades no necesita que quienes progresan pierdan lo conseguido.
Necesita que más personas tengan posibilidades reales de alcanzar condiciones semejantes.
La pregunta final no es únicamente cuánto podemos ascender, sino qué tipo de sociedad queremos construir mientras lo hacemos.
CHOLULA HOY — Noticias con contexto
FUENTES PRINCIPALES
- INEGI — Clase media en México. Cuantificando la clase media en México 2010-2020. Estadísticas experimentales, 2021. https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/cmedia/doc/cm_desarrollo.pdf
- CEEY — Movilidad social. Monroy-Gómez-Franco, Luis A., y Vélez Grajales, Roberto. Informe de movilidad social en México 2025: la persistencia de la desigualdad de oportunidades. https://ceey.org.mx/informe-de-movilidad-social-en-mexico-2025/
- Guillermo Peón, Sylvia Beatriz, y Castañeda Valencia, Alejandro Miguel. Efectos de los factores macroeconómicos e individuales sobre la movilidad socioeconómica en México. EconoQuantum, 2021. https://doi.org/10.18381/eq.v18i1.7197
- INEGI — Ingreso de los hogares. Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024. https://www.inegi.org.mx/programas/enigh/nc/2024/
- INEGI — Discriminación. Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022. https://www.inegi.org.mx/programas/enadis/2022/
- INEGI — Pobreza multidimensional. Pobreza multidimensional 2024. https://www.inegi.org.mx/desarrollosocial/pm/
- OCDE — Política económica. OECD Economic Surveys: Mexico 2026. https://www.oecd.org/en/publications/oecd-economic-surveys-mexico-2026_8a7c0ac4-en.html
- Abundis Luna, Francisco, y León Robles, Lorenzo. La clase media como identidad política en México: análisis de las elecciones de 2021. Revista Mexicana de Opinión Pública, 2022. https://revistas.unam.mx/index.php/rmop/article/view/80697
- Saraví, Gonzalo A. Miradas recíprocas: representaciones de la desigualdad en México. Revista Mexicana de Sociología, 2016. https://doi.org/10.22201/iis.01882503p.2016.3.56220
- Luján Verón, David, y Guillén, Diana. Espacio público ¿con clase? Habitus socioespaciales en estratos medio-alto y alto. Estudios Sociológicos, 2025. https://doi.org/10.24201/es.2025v43.e2861
- Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. Obra original de 1968, publicada inicialmente en 1970.
- Pierre Bourdieu. La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Obra original de 1979.
- Barbara Ehrenreich. Fear of Falling: The Inner Life of the Middle Class. Pantheon Books, 1989.
- El Financiero. Encuesta nacional de salida de la elección presidencial de México, junio de 2024. https://www.elfinanciero.com.mx/encuestas-ef/2024/06/04/respaldo-a-4t-y-a-amlo-apuntala-triunfo-de-sheinbaum/
