Cholula no era una ciudad sin historia
Cuando los expedicionarios españoles llegaron a Cholollan, en octubre de 1519, encontraron una ciudad con siglos de desarrollo político, religioso, comercial y cultural.
Cholula era uno de los grandes centros ceremoniales de Mesoamérica, especialmente reconocido por el culto a Quetzalcóatl. Sus templos y mercados atraían a personas de diferentes regiones.
No era una sociedad primitiva esperando que los europeos le llevaran civilización.
Era una ciudad con autoridades, comerciantes, sacerdotes, conocimientos, instituciones y una larga historia propia.
Su importancia se explica también por la diversidad de pueblos que habitaron y transformaron el valle poblano-tlaxcalteca durante siglos.
La llegada de Cortés no significó el descubrimiento de una cultura desconocida para sus habitantes. Significó la irrupción de una expedición extranjera en un mundo que ya tenía historia, creencias y formas complejas de organización.
La matanza de octubre de 1519
La reconstrucción histórica del proyecto Noticonquista, de la Universidad Nacional Autónoma de México, sitúa el comienzo de la matanza el 18 de octubre de 1519.
Los expedicionarios encabezados por Hernán Cortés, acompañados por aliados tlaxcaltecas, atacaron a dirigentes, sacerdotes, cargadores y pobladores de Cholula.
La violencia se prolongó durante varios días.
Según las crónicas, los ataques comenzaron en espacios donde se encontraban reunidos representantes de la ciudad y personas que participaban en la atención a los recién llegados.
Posteriormente, la violencia se extendió por calles, plazas y recintos religiosos.
Las fuentes históricas describen asesinatos, incendios, saqueos y captura de personas.
El propio Cortés habló de tres mil muertos en pocas horas. Francisco López de Gómara elevó la cifra a seis mil.
No existe un conteo documental o arqueológico que permita establecer con certeza el número exacto de víctimas.
Pero la discrepancia entre las cifras no elimina lo fundamental: la masacre de población civil está ampliamente documentada.
No fue simplemente un encuentro entre dos culturas. Fue una acción militar que dejó miles de muertos y destruyó espacios de enorme significado para sus habitantes.
¿Una emboscada o una justificación de la violencia?
Durante siglos, los relatos favorables a la conquista repitieron que los españoles habían descubierto una conspiración organizada por los cholultecas, supuestamente con el respaldo de Moctezuma.
La versión presentada por Cortés afirmaba que se preparaba una emboscada contra su expedición.
Esa explicación sirvió para presentar la matanza como un castigo preventivo.
Pero existe un problema histórico fundamental: la supuesta emboscada nunca llegó a producirse.
El historiador Federico Navarrete, de la UNAM, ha señalado que los relatos de aquellos días tampoco documentan una resistencia organizada capaz de explicar la magnitud del ataque español.
La versión mexica recogida posteriormente en el Códice Florentino niega que existiera la conspiración descrita por los conquistadores.
La participación de Malintzin en la transmisión de advertencias y su representación en las crónicas también han sido objeto de distintas interpretaciones historiográficas.
El asunto exige prudencia: no todas las fuentes coinciden y las versiones de quienes participaron en la conquista respondían también a intereses políticos y personales.
Pero incluso si hubieran circulado rumores de una emboscada, éstos no convierten la matanza de civiles desarmados en una acción históricamente incuestionable.
Una amenaza no demostrada fue utilizada para justificar una violencia que sí ocurrió.
El ataque también tuvo una dimensión cultural y religiosa
La matanza no afectó solamente a las personas.
También alcanzó los centros religiosos y los símbolos que daban sentido a la vida espiritual de Cholula.
Las crónicas describen ataques e incendios en templos vinculados con el culto a Quetzalcóatl, incluidos episodios en los que sus ocupantes murieron quemados.
La destrucción de santuarios tenía una dimensión que iba más allá de la guerra.
Atacar los espacios sagrados de una ciudad significaba también golpear su autoridad religiosa, sus tradiciones y los vínculos que mantenía con otros pueblos.
Federico Navarrete interpreta la matanza como una forma de violencia ejemplarizante y de imposición religiosa.
Desde esa perspectiva, no se trataba solamente de derrotar a un adversario, sino de demostrar que resistir al poder de los conquistadores podía tener consecuencias devastadoras.
Es importante hacer una precisión arqueológica: la Gran Pirámide que hoy conocemos como Tlachihualtépetl no debe confundirse con el santuario de Quetzalcóatl atacado en 1519. El antiguo conjunto monumental de la Gran Pirámide había dejado de funcionar como centro ceremonial principal varios siglos antes, como explica el INAH.
La destrucción religiosa de aquellos días se desarrolló en la ciudad que estaba habitada y activa al momento de la llegada española.
Durante la época colonial se impusieron nuevas instituciones políticas y religiosas y se transformaron profundamente los espacios de culto.
Pero ni la violencia ni las imposiciones posteriores consiguieron borrar por completo la herencia cultural de Cholula.
Una conquista que también recurrió al terror
Bartolomé de las Casas, religioso español y crítico de los abusos de la conquista, sostuvo que la matanza de Cholula buscó infundir temor entre las poblaciones indígenas.
Su interpretación contrasta con los relatos que presentaban la violencia como un castigo justificado.
La discusión histórica es relevante porque permite examinar cómo se legitimó la conquista.
Las acciones de Cortés se desarrollaron, además, en un escenario mesoamericano de rivalidades políticas.
Los tlaxcaltecas mantenían conflictos con Cholula y con el poder mexica. Su participación como aliados de los españoles fue un factor decisivo.
Reconocer esa participación no significa trasladar exclusivamente a los pueblos indígenas la responsabilidad de una ofensiva dirigida por Cortés, ni convertir a los habitantes de Mesoamérica en un grupo uniforme.
Los pueblos indígenas tenían intereses, conflictos y decisiones políticas propias.
La conquista aprovechó esas divisiones y produjo nuevas relaciones de dominación.
La responsabilidad histórica exige reconocer tanto esa complejidad como la violencia ejercida por los mandos conquistadores.
La historia también fue escrita para justificar a los vencedores
Hernán Cortés presentó sus acciones ante la Corona española mediante sus cartas de relación.
Esos documentos son fuentes históricas imprescindibles, pero también instrumentos con los que el conquistador intentó justificar sus decisiones y obtener reconocimiento.
Por ello no pueden leerse como testimonios neutrales.
Las voces indígenas y las denuncias posteriores ofrecen otras perspectivas.
El Lienzo de Tlaxcala, el Códice Florentino y las crónicas coloniales permiten comparar representaciones del acontecimiento, aunque ninguno de estos documentos está libre de contextos e intereses propios.
Incluso durante el siglo XVI, algunos españoles denunciaron los excesos cometidos en Cholula.
La discusión no nació quinientos años después: la legitimidad de aquella violencia ya era cuestionada en tiempos de los propios conquistadores.
Estudiar la historia implica escuchar también a quienes sufrieron la conquista, no solamente a quienes buscaron justificarla.
La cultura que sobrevivió
Quizá uno de los aspectos más importantes de esta conmemoración es recordar que Cholula no desapareció.
La conquista transformó profundamente su organización política, sus prácticas religiosas y su vida social.
Sin embargo, numerosas expresiones de su memoria cultural encontraron caminos de continuidad y transformación.
Los barrios, las formas de organización comunitaria, las mayordomías, los nombres de origen náhuatl y la apropiación colectiva de espacios ceremoniales forman parte de una historia mucho más larga que la conquista.
Investigaciones antropológicas del INAH han estudiado precisamente esa continuidad de la identidad cholulteca y la importancia de los barrios en la preservación de la memoria colectiva.
Las tradiciones actuales no son reproducciones intactas del mundo de 1519. Son expresiones históricas vivas, transformadas durante siglos.
Reconocerlo es importante porque evita presentar a los pueblos originarios únicamente como víctimas del pasado.
También fueron protagonistas de su supervivencia cultural.
A 507 años, ¿qué significa recordar?
En vísperas del aniversario, el viernes 16 de octubre de 2026, se celebraron en San Pedro Cholula ceremonias cívicas y de evocación prehispánica en memoria de las víctimas.
Durante esos actos, la presidenta municipal Tonantzin Fernández destacó la importancia de preservar la historia y las tradiciones de los pueblos originarios.
Pero la memoria histórica no debería agotarse en ceremonias y ofrendas.
También requiere investigación, educación, protección del patrimonio arqueológico, respeto a las comunidades y una revisión crítica de los relatos que durante siglos presentaron la conquista exclusivamente como una empresa civilizadora.
Reconocer los intercambios culturales posteriores no exige justificar la violencia que los acompañó.
Tampoco se trata de responsabilizar a las personas españolas de nuestro tiempo por las acciones de los conquistadores del siglo XVI.
Se trata de reconocer un hecho histórico: la expedición encabezada por Hernán Cortés atacó a una ciudad con una cultura propia, mató a miles de personas y golpeó deliberadamente sus espacios de poder religioso y político.
La matanza de Cholula no merece recordarse como una hazaña militar.
Merece estudiarse como una tragedia humana, un episodio de dominación y un acontecimiento fundamental para comprender la historia de nuestra región.
Quinientos siete años después, Cholula continúa siendo una ciudad viva.
Sus habitantes no son solamente herederos de una conquista.
También son herederos de una civilización que existía mucho antes de que los españoles llegaran a estas tierras.
Intentaron someter a Cholula mediante las armas y el miedo. Pero su historia no comenzó con los conquistadores, ni terminó con la matanza.
CHOLULA HOY — Noticias con contexto.
